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domingo, 29 de noviembre de 2009

Envidia

Lilith envidia a Eva por momentos.
Sabe que no podría ser Eva más de un mes,
que la impaciencia, la culpa
y la necesidad de sentirse libre
la ahogarían en la piel de Eva.
Pero la envidia por momentos.

Lilith desearía tener una nómina.
Saber lo que significa esperar a fin de mes
para respirar y no creerte perdido.
Esa continúa mensualidad que te convierte en normal
y que te estabiliza más
que tomarte pastillas todos los días.
Lo de trabajar en algo que te gusta o no es otra cosa,
Lilith envidia esa menstruación de dinero que no tiene
porque la culpa nunca la marcó.
Y la necesidad social tampoco.

Lilith envidia también el “ser la mujer de”.
Estar en un entorno de grupo
y conocer su posición desde el principio,
sin tener que explicar sus incoherencias sociales cada minuto,
sin demostrar continuamente.
Le apetece a veces no ser única y unifamiliar,
sino estar detrás de alguien, escondida, relajada y tranquila
pensando en sus cosas,
mientras todo se da por entendido.

Pero esto solo pasa a veces
porque sabe que después de la bajada de telón,
Lilith se suelta el pelo y lo tiñe todo de rojo.

martes, 22 de enero de 2008

Las decisiones en el entorno de Freud

El horror de tomar una decisión es, a veces, infinito.

Partiendo de la base de que nada depende de ti y si depende de:
las circunstancias que te rodean,
el punto geográfico en el que te encuentras,
la nacionalidad que vistes,
el humor de un señor que parece un cowboy idiota,
la cantidad de petróleo que hay en ciertos lugares
y hasta de la parada del tren en la que te bajas...

Pues siendo consciente de eso, el terror a decidir es una soberana gilipollez.

Pero está ahí.

Y sólo para eludirlo hay que ampliar el campo visual y reconocer:
que la vida no te pertenece,
que sorpresas te da la vida, la lá,
que si decidiste luchar, vas a tener que hacerlo hasta el final,
y que la vida, al fin y al cabo, está para arriesgarla, hostia.